El volcán y laguna Chicabal, ubicados en San Martín Sacatepéquez, Quetzaltenango, y que en idioma mam significa “Agua de espíritu dulce”, es parte de la gama de opciones para visitar y adentrarse en el Altiplano guatemalteco, cuna de la cultura maya viva.

Con la llegada de fin de año, los guatemaltecos pueden disfrutar su país con responsabilidad, pues, cumpliendo con las estrictas medidas de bioseguridad, pueden elegir espacios abiertos para el esparcimiento, y Chicabal es uno de los tantos destinos.

Iglesia de San Andrés Xecul es un sitio turístico emblemático del occidente del país porque en su fachada plasma la vida de la cultura maya.

Disfruta tu país con responsabilidad es el lema del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) con el cual insta a la población a realizar un turismo responsable en las vacaciones de fin de año.

Si se parte de la capital, con el objetivo de escalar el volcán Chicabal y descender a su cráter, donde se garantiza una conexión mágica y religiosa con la laguna y con la naturaleza, el turista tiene la opción de que su paseo incluya otros sitios abiertos, como los riscos de Momostenango y el Parque Chajil Siwan, ambos en Totonicapán.

Representan la cultura maya k’iche’ y su formación es consecuencia de las erosiones naturales

Chajil Siwan, nombre en k’iche’ del guardabarranco, ave que habita los bosques altos, como esta reserva comunitaria autosostenible de 90 hectáreas cuidada por la población de Chuamanzan, refirió el guía turístico Elí Ramírez al recordar que las montañas de Totonicapán son reconocidas como las más grandes y mejor preservadas.

«Este bosque nuboso acoge una diversidad de flora y fauna. Mientras nutre sus pulmones de aire totalmente puro, el visitante puede apreciar árboles de 200 años de vida, como el pino blanco y pino rojo, además de especies de madrón, ciprés, encino y alisos. Dependerá de la suerte del visitante, pues se han visto el guardabarranco, carpinteros y chipe cabeza rosada y el pavo de cacho, entre otros», según Ramírez.

Los bosques nubosos de Chajil Siwan son los más grandes y protegidos por los pobladores del lugar.

Totonicapán ofrece mucho, y el viajero no puede pasar inadvertido San Andrés Xecul, famoso por su colorida iglesia en cuya fachada los antiguos pobladores dejaron plasmada la iconografía del Popol Wuh, como muestra de la resistencia indígena frente al cristianismo.

Al llegar a Quetzaltenango, las opciones también son variadas: las Fuentes Georginas, en Zunil; los volcanes Santa María, Santiaguito (uno de los tres activos en el país), Chicabal y otros, además de disfrutar la gastronomía local, como la que impulsa y rescata Rosario Álvarez, una chef que organiza festivales gastronómicos regionales en la Ciudad Altense.

Así los viajeros pueden seguir su travesía, visitando cada rincón del Altiplano, que incluye los destinos de Sololá, San Marcos, Huehuetenango, Chimaltenango y Quiché,  y siendo testigo de que la población maya vive, con su propia concepción del mundo, manteniendo su cultura.

Selvyn Curruchich





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